Enrique y María Teresa: El ¿amor? en el contestador

Un cassette rescatado en un mercado de pulgas porteño guarda un mensaje de amor romántico tan fuerte que se vuelve “viral”. Miles de visitas a YouTube y Vimeo ponen Play al reclamo de María Teresa, quien no obtiene de Enrique “Ni una sola palabra de amor”*.

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“Estuve esperando tu llamado a las doce, como me dijiste. No podés cumplir ni siquiera eso, ¿no es cierto?”, es uno de los primeros reclamos que se desprenden de la voz de María Teresa, en el corto del Niño Rodríguez, que puede verse hipercompartido en las redes.

En ocho minutos se oyen las palabras de María Teresa -actuadas por María Carballo-. Diez llamadas, unos diez pedidos y reclamos al contestador, porque Enrique no atiende (no está o no quiere atender).

“Son las cinco menos veinte… estoy todavía esperando tu llamado”. Enrique, otra vez, no cumplió con la promesa de su llamada.

“Son las seis y media. Ya se ha pasado todo el día del sábado, ¿ves?. Vos decías que querías tiempo, que hacía falta tiempo. Y el tiempo no lo tenés conmigo para proyectar lo que querés proyectar y solucionar lo que hay que solucionar”.

La ilusión y desilusión a la par, propia de una crisis de pareja. Intentar ‘volver’, a pesar de todo.

Un impasse, cuando ya no se puede más. Él, achicando en lo de un amigo. Ella, a cargo de toda la casa, de todas las cuentas, de todas las deudas, los entuertos en que él metió al hogar y de los que se borró, ofendido quizás, por ser echado.

“¡Atendé el teléfono! ¿Por qué no te dejás de mentir? Sino, internáte”, le sugiere ella.

Y la clarividencia de tener espacio para pensar-se. Un tiempo sola, sola literalmente; no sola, con él al lado, obviándola: “El centro del huracán es dejarme sola y, además, con menos oportunidades que vos”, dice. “Te las tomás ‘por las dudas’, las oportunidades. Estás con un pie allá y otro acá. No te da, no te arriesgás. Siempre soy yo la que me arriesgo”.

Ella se va dando cuenta de lo que pasa. Registra que siempre se hace cargo de la situación, que siempre es la que insiste en volver, en arreglar las cosas, en arriesgarse a intentarlo de nuevo.

Él, tranquilo. Siente que aún maneja la situación. Sabe que ella siempre va a volver.

Sin embargo, pareciera que María Teresa nos da un mensaje esperanzador: no todas nos quedamos al lado de alguien que no nos satisface. No. Podemos intentarlo y buscar salvar la situación primero, pero también nos hartamos. Y vamos a tirar todo.

“Lamentablemente siempre hablo con un aparato, como cuando hablo con vos”, reflexiona.

Y hace el gran remate: “Ausencia en toda mi vida. ¡Ausencia, ausencia, ausencia! Y ni una sola palabra de amor. Ningún proyecto en común”.

Finalmente, él atiende. Y quienes seguimos las llamadas retenemos por unos segundos el aliento. Ella titubea un poco, pero en seguida hace un repaso rápido de los motivos de la llamada, y él: “Ahá”, con tono de que no le importa nada.

-Me quedé con esa sensación (de que vos no querés reanudar las cosas).

-No, para nada -y corta la grabación.

Era probable que en algún momento Enrique cobrara un poco de valor y enfrentara a esa mujer con planteos tan claros; quizá intentando mantener un poco de dignidad. Pero cuando atiende, María Teresa, esa mujer que adquiría más fuerza y determinación en cada llamado, en cada piiiiiii de la contestadora, titubea.

Al final, era una historia más de amor romántico. De ese insistir en una historia de amor en la que no pueden faltar componentes como el sufrimiento, las lágrimas, la bronca. Y esa insistencia infinita con ese hombre que domina la situación.

Porque, al final, hay que asumir que María Teresa, por mucho reclamo que le hacía, quería “reanudar las cosas”. Y esta semana se supo: siguen juntos… Están juntos hace 30 años. Y no sería justo culparla por insistir. Forma parte de esa cultura del culebrón que nos inculcan a las mujeres: a sufrir por amor.

¿Con qué necesidad, no? Pareciera que el mensaje todavía es: no es un verdadero amor si no se sufre por él, si no hay un costo, si no se pierde algo a cambio, como la libertad.

“Existe hoy en día un gran número de mujeres y hombres para quienes el matrimonio no es nada más que una absurda comedia a la que se someten en aras de la opinión pública”, afirmaba Emma Goldman en Matrimonio y amor (1917), y la frase podría aplicarse hoy en día.

Reflexiona gratamente: “Matrimonio y amor no tienen nada en común; están tan lejos el uno del otro como los dos polos; son, en realidad, antagonistas. (…) De cualquier modo, si bien es cierto que algunos matrimonios están basados en el amor, y siendo igualmente cierto que en algunos casos el amor se prolonga en la vida matrimonial, yo sostengo que lo hace a pesar de, y no gracias a, el matrimonio”.

Y allí está María Teresa, treinta años al lado de un hombre que la ignora, reconociéndose todavía hoy como “naturalmente insistente” y a él como alguien que “se va”.

Ella se identifica en el video como “esa mujer [que] llama a alguien que no le contesta”.

Pero, a pesar de afirmar que “estas cosas siguen ocurriendo” en su pareja y que ella sigue insistiendo y que ese sentimiento que se ve en el video y que estaba, el de “quedar sola”, “suele estar todavía”, ella sigue casada con él.

“Soy naturalmente insistente, y en ese momento eso era necesario, para resolver algunas cosas”, dice en una entrevista a TN. Y, si bien señala que ambos registraron cosas para cambiar, “el otro, lo que no puede, no lo va a cambiar. Son las recetas para convivir 30 años”.

Hace casi un siglo, Goldman recuerda que “en alguna rara ocasión llega a nuestros oídos el caso milagroso de una pareja de casados que se enamora después del matrimonio, pero si nos remitimos a una mirada detenida, encontraremos que se trata de una mera adaptación a lo inevitable. Ciertamente el acostumbramiento del uno al otro está muy lejos de la espontaneidad, intensidad y belleza del amor, sin las cuales la intimidad del matrimonio debe resultar degradante tanto para la mujer como para el hombre”.

“El matrimonio es ante todo un arreglo económico, un contrato de seguros, que sólo se distingue de un contrato normal de seguro de vida en que obliga más y exige más. Sus beneficios son insignificantemente pequeños si se los compara con la inversión hecha”, concluye Goldman, lapidaria.

Allí está María Teresa, esperando otra noche más que Enrique le atienda la llamada. No va a hacerlo. Olvidó adrede su celular en el living, antes de salir a trabajar.

*”Ni una sola palabra de amor” obtuvo el premio a MEJOR FICCIÓN Festival Latinoamericano de Cine de Rosario 2012 y MEJOR ACTRIZ Festival Latinoamericano de Cine de Rosario 2012, entre otros.

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