Reflejo del silencio

17° Marcha del Silencio por 18 de Julio. Montevideo, Uruguay. Matilde Campodónico.

17° Marcha del Silencio por 18 de Julio. Montevideo, Uruguay. Matilde Campodónico.

Hay personas con miedo. En sus ojos se ven pasillos vacíos.

Hay personas con fuerza. En sus ojos se refleja la vida de sus hijos, de sus hermanos, de sus compañeras.

Hay fotos carnet que son los mejores retratos. Y está la foto de la foto.

Hay charcos que reflejan luchas, pasos que chapotean en un asfalto gastado de impunidad, veredas que -en silencio- apenas claman por verdad y justicia.

La bandera, la consigna, al frente. Detrás, miles llorando por dentro. Indignados por dentro. Mudos de impotencia. Hartos de callar. Orgullosos de callar. Mudos de cansancio. No vencidos por el cansancio.

Esta fotografía de Matilde Campodónico forma parte de la muestra “Imágenes del silencio. 20 años de marchas” que se extiende del 16 de mayo al 15 de julio en la fotogalería a cielo abierto del Parque Rodó. 38 fotógrafos y fotógrafas zurcen la historia de la movilización más grande en Montevideo que se da por la avenida 18 de Julio cada 20 de mayo, desde 1996.

“No sé casi nada de ellos. Sé de sus caras”, dice Campodónico sobre su cobertura periodística en las Marchas del Silencio. Lleva un proceso “familiarizarme con esas fotos carnet. Empezar a conocerlos. Les miro con mucho detalle. Y cuanto más tiempo pasa, más les conozco e individualizo. Pero no por sus nombres o sus acciones pasadas, porque no sé casi nada de ellos. Sé de sus caras. Para mí, la foto carnet es la forma más perfecta del retrato”.

“Siempre elegí mirar las fotos y mirar a quienes las portan como un conjunto vivo, relacionados por el amor. Y lo que cada vez me resulta más insoportable de la situación es el limbo” en el que están las personas desaparecidas y la impunidad en la que se encuentran estos hechos.

“Me afecta en especial el dolor por esos seres queridos a los que no saben qué les ocurrió. Y esa falta de duelo o de desenlace hace que el tiempo no pueda seguir. Tengo esa sensación de que está todo suspendido y no puede avanzar. Es algo trancado, irresuelto y, por eso, intolerable. Y es intolerable para los involucrados, pero también, creo, para la sociedad toda. Eso también tiene que ver con la fotografía. La fotografía es un algo detenido. Es un instante único. Para mí siempre fue impactante la relación entre las marchas y la fotografía por todo este conjunto de cosas”.

“La memoria es muchas cosas. Y la memoria construye la realidad. De algún modo difundir esas caras y las caras de la gente que portaba esas caras ayudan a comprender el tema. Cuando camino de espaldas, mirando las fotos, siempre pienso en cómo alguien puede ignorar algo así. El recurso por el que se opta para las marchas es poner en contacto a las personas con los ojos de los desaparecidos. Enfrentar a quien mira a esos ojos que ya no están. Hacerles saber que esas miradas atrapadas en las fotos existieron. Es una marcha que pone a la fotografía como centro. Al valor explícito de la fotografía para desatar sentimientos. Mi trabajo en esas marchas es como un juego de cajas chinas. Es la foto de las fotos”.

En el charco, algo sucio y difuso, “esas miradas quedan pegadas a todo. Incluso al agua, al asfalto. No hay manera de escapar o ser indiferente. Y es, a pesar de todo y contra todo, sin importar el frío o la lluvia. Y pide que el tiempo pueda seguir. Que no siga suspendido. Que exista la posiblidad del futuro”.

Azul Cordo

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