Encuentreras

Unas 70.000 mujeres participaron durante los días 8, 9 y 20 de octubre en el 31° Encuentro Nacional de Mujeres en Argentina, esta vez en la ciudad de Rosario, reflejo descarnado de la desigualdad en el país vecino. Por segundo año consecutivo, la policía reprimió cuando la marcha pasaba por la Catedral y hubo manifestantes y periodistas heridos.

Una ciudad tomada por mujeres. Desde hace 31 años confluyen en un punto del país para hablar de ellas, con ellas, entre ellas. Afirmaciones con tufillo a lugar común, se hacen carne y cuerpo, abrazo y emoción. Una forma femenina y feminista de hacer política: desde el amor, el cuidado y el reconocimiento a las otras.

Para Dahiana Belfiori, integrante de Socorristas en Red, que participa desde 2005 en el ENM, “cada encuentro es la posibilidad de encontrarme con compañeras de distintos lugares de Argentina y de Latinoamérica, en abrazos emocionados, en alegrías y luchas compartidas, y reafirmar la concreción de las luchas que vamos dando en estos años, reconociéndonos en quienes nos precedieron abriendo camino. Aquí se ve el movimiento amplio de mujeres, que se potencia con las diferencias y miradas diversas de la realidad. Hemos podido construir consignas claras en contra del heteropatriarcado, en contra de violencias cotidianas, en contra de aquello que nos molesta y nos hiere cotidianamente. Cada encuentro es la posiblidad de que una nueva mujer habite en este espacio; la posibilidad concreta de que participe. Es un gran evento político que nos habilita a seguir pensándonos. Es un ejercicio concreto de libertad”.

Cada ENM es único, inédito, pluralista, horizontal y pacífico. Y sigue cierta estructura: se realiza el fin de semana largo de octubre y tiene acto de apertura y talleres; una plaza feminista donde hay radios abiertas y feria de libros, vestimenta y stands de organizaciones políticas y sociales; marcha y fiesta lésbica el sábado; marcha y peña el domingo; acto de cierre el lunes. La Comisión Organizadora se conforma de manera independiente, abierta y autogestionada en cada ciudad donde se lleve adelante.

El escenario elegido para el 31 ENM fue a la vera de un río Paraná que sangra por las y los jóvenes que padecen la represión y la violencia institucional sistemáticamente, recrudecida en los últimos días con la llegada de Gendarmería a la ciudad y con la decisión del gobernador Miguel Lifschitz de unificar la tres direcciones policiales que investigan delitos complejos (casos de narcotráfico y narcomenudeo, trata de personas y la Policía de Investigaciones) para potenciar un grupo comando con presencia continua en los barrios estigmatizados como “violentos” y “peligrosos”; además se creará una Policía Judicial.

Es importante que recordemos qué significa Rosario en términos económicos y productivos para los poderosos del país -dijeron desde la Comisión Organizadora del Encuentro-. Por estos puertos de Rosario y su cordón, hoy en manos extranjeras, se llevan el 75% de la producción nacional. Por allí circula libremente el tráfico de armas y drogas y la trata de personas, que se han convertido en los negocios más redituables e impunes de los últimos años, para beneficiar a los ganadores de siempre: los grandes monopolios imperialistas, las patronales y los terratenientes. Mientras salen por los puertos de Rosario las riquezas que produce el pueblo, nuestra ciudad es el reflejo descarnado de un país donde, a la par de la concentración de la riqueza, crecen la desigualdad y el hambre. El Gran Rosario registró, en el segundo trimestre, el nivel más alto de desocupación: el 11,7%. Nuestra ciudad se ha vuelto territorio de operaciones de bandas narcocriminales, un negocio millonario del que participan y son protagonistas policías, políticos de todos los niveles del Estado y empresarios, con la complicidad del Poder Judicial, mientras nuestras barriadas populares padecen los efectos más brutales de la devastación neoliberal. Las madres y las hermanas, las jefas de hogar, las abuelas son quienes se hacen cargo de las familias destruidas por la lógica de reclutar soldaditos y bandas, quienes sufren las principales consecuencias de estas violencias. Pero también son quienes encabezan las luchas por justicia y los reclamos frente a la violencia institucional al ver asesinadas y asesinados a jóvenes en manos de la policía. Con Elsa Godoy como símbolo, fallecida este año, homenajeamos a todas esas valientes mujeres que luchan por justicia”.

De las 70.000 que participaron, siendo la convocatoria más grande hasta el momento, 35.000 estuvieron alojadas en 150 escuelas. Los 69 talleres propuestos se multiplicaron en 300 comisiones que desbordaron salones, pasillos, gimnasios y parques. Unas 140 actividades culturales se dieron en simultáneo durante la noche del sábado, y la marcha del domingo fue caminada durante 40 cuadras por casi 100.000 personas.

Por primera vez se realizaron talleres sobre Mujeres y Cannabis y Mujeres afrodescendientes. Como cuando se realizó en Rosario en 2003, este año el ENM volvió a tener un taller sobre Mujeres trabajadoras sexuales que hizo énfasis en la posición reglamentarista frente a la abolicionista. En su momento, el taller fue coordinado por Sandra Cabrera, referente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), asesinada en 2004 por denunciar la corrupción policial en casos de explotación sexual de niños y niñas, trata de personas y violación de los derechos humanos contra las mujeres. Esta vez, el taller estuvo a cargo de activistas jóvenes como Georgina Orellano, quien destacó la capacidad de las trabajadoras sexuales de decidir, de poner sus propias condiciones, de defenderse -en especial, de la violencia policial, que las hostiga y coimea-: “Indigno es que nos detengan en comisarías por hasta 30 días por hacer uso del espacio público. No es indigno hacer uso de mi genitalidad y ponerle un precio. ¿Hasta cuándo vamos a discutir, si la que pone el cuerpo soy yo? Si seguimos pensando que la concha es sagrada difícilmente, compañeras, vayamos a combatir el patriarcado”, dijo Orellano.

El aborto es otra lucha que cada año convoca y nuclea más participantes. Durante el ENM de 2003 surgió como propuesta crear la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Ahora, el taller de Estrategias para el aborto se multiplicó por 14 comisiones, varias de ellas coordinadas por Socorristas en Red, superando tensiones que se daban en estos espacios en años anteriores, donde todavía algunas participantes cuestionaban si el aborto era o no un acto ilegal. Hoy miles usan el pañuelo verde, símbolo de la unidad para reclamar por la vida y la salud de mujeres como Belén de Tucumán o Yamila de Rosario, privadas de libertad por abortar. Desde el ENM se pidió el desprocesamiento, la anulación de la condena y la inmediata absolución de ambas.

Hijos de Macri. Quienes no dieron el brazo a torcer fueron los provocadores de siempre: grupos antiderechos, mayoritariamente de varones, que rezan a lo largo de la marcha, tiran “agua bendita”, y se parapetan frente a la Catedral a rezar en Padre Nuestro, cuando la movilización se hace presente y reclama que la Iglesia católica no intervenga en las decisiones que las mujeres tomamos sobre nuestros cuerpos.

Hubo algunos forcejeos y la policía con cascos y escudos se formó para defender el edificio, que tenía vallas y fenólicos impidiendo el ingreso. A pesar de que la Comisión Organizadora había acordado con el gobierno provincial que no hubiera presencia de policía armada, sino sólo policía local, la Guardia de Infantería utilizó a la policía comunitaria femenina como escudo humano y empezó a tirar balas de goma. Además de que a lo largo de la marcha casi no hubo el control de tránsito comprometido por la gobernación (que implicó cortar las calles con cordones humanos improvisados, a riesgo de ser atropelladas) el ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro,“nos echó la culpa por la represión, siendo que hubo provocaciones previas y que los fenólicos fueron derribados por encapuchados infiltrados”, dijo a Brecha la integrante de la comisión organizadora, Mabel Gabarra. “Todo se desarrolló con normalidad hasta ese momento y, en adelante, tendremos que pensar más estrategias contra la represión”, que volvió a repetirse como en el ENM de 2015 en Mar del Plata. “Miles de mujeres hablaron de sus problemáticas durante dos días y tocamos puntos muy molestos para el status quo: marchamos contra los violadores, los feminicidios, la desocupación, queremos el aborto legal. Molesta que la marcha exprese el rechazo ante este sistema que no da para más”, añadió.

Entre las heridas por balas de goma hubo dos cordobesas, y seis periodistas, una de ellas es Johana, fotógrafa de La Garganta Poderosa, que escribió en ese medio periodístico villero: “Es la primera vez que participo del Encuentro de Mujeres. Estaba cubriendo lo que pasaba, y ahí nomás un policía empezó a reprimir. En un momento, empezaron a correr hacia nosotros, y con un grupo nos escondimos detrás de un auto. Me disparó a la cara, a dos metros de distancia”.

Color, alegría, calor, se empañaban entre dos horas de preocupación para quienes ya se habían desmovilizado y seguían los ataques por transmisiones en vivo a través de las redes sociales, para quienes seguían marchando y debían esquivar balas y gases, y para quienes organizaron durante un año lo que habían sido 48 horas de fiesta mujeril.

Mientras las recriminaciones por las pintadas y grafitis pretendían justificar una represión salvaje y discrecional, miles volvieron a reunirse el lunes en el cierre frente al Monumento a la Bandera, para sentir esa energía que desprende el Encuentro en carne propia, “al cruzar miradas por todos lados con tantas mujeres tan diversas, que estábamos ahí, reivindicando nuestras luchas todas juntas, emocionadas hasta las lágrimas, reivindicándonos fuertes y libres”, dice Alejandra Álvarez, uruguaya que asistió por primera vez junto a una delegación de cien mujeres. “Diversidad, alegría y firmeza”, así define ella este espacio, que el año que viene volverá a crecer en la provincia del Chaco, donde una vez más se montará un caldero para luchar y conquistar nuestros derechos.

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