Como techo el cielo

Como techo el cielo

La turbonada que afectó a los carolinos hace dos semanas arrasó con techos y estructuras de unas 700 casas. Dejó al descubierto la necesidad de pensar en nuevas soluciones habitacionales, en sistemas de alerta temprana y en tener mayor conocimiento sobre protocolos de actuación y prevención de riesgo. Los tres niveles de gobierno trabajan en forma coordinada, pero los tiempos burocráticos no se acompasan con las necesidades de la gente.

A la noche le sobrevino el impulso. Salir a ayudar. Socorrer entre ramas, escombros y cables caídos. Uno, dos, tres peligros, tras el viento fuerte que se llevó lo que. Desesperación. Estar en la ducha reponedora cuando acaba el día y tener que salir desnudo, corriendo por la acera porque el techo voló. Golpear pidiendo ayuda a los vecinos, hasta romper vidrios y lastimarse los brazos. El agua hasta las rodillas. El granizo hasta las rodillas. El invernáculo se deshizo. La cosecha de olivo echada a perder. La noche oscura. Y ni una linterna a mano.

Son algunas de las escenas que vivieron los habitantes de San Carlos el pasado 22 de diciembre.

¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? Se preguntan los vecinos.

El Sistema Nacional de Emergencias (sinae) cuenta con un Protocolo de Coordinación General que establece el flujo de respuestas institucionales establecidas para emergencias y desastres súbitos, que van desde la respuesta a nivel primario (local, municipal), hasta la responsabilidad departamental y nacional respecto a recursos que deben ser asignados, llegando incluso a poder realizar un llamado internacional para obtener ayuda humanitaria.

Fernando Traversa, director nacional del Sinae, explicó a Brecha que al protocolo general de actuación se le agregan protocolos para cada departamento del país, considerando las particularidades de cada lugar. Cuando ocurren eventos climáticos adversos se dan mecanismos de activación de distintos actores locales para evaluar las acciones a desarrollar: desde la atención a damnificados y la atención sanitaria, a la revisión del cableado eléctrico y la reducción de riesgos –mediante la limpieza de árboles caídos, retirar basura, etcétera-.

Si bien no existen protocolos específicos sobre cómo debe actuar la ciudadanía en estos casos, “constantemente [desde el sinae] realizamos recomendaciones” al respecto, dice Traversa. “No importa cuántas veces sean dichas, importa que sean escuchadas. Recién cuando el tema pasó por nuestras vidas solemos escuchar este tipo de recomendaciones, también porque al crecer la población urbana hemos perdido costumbres como tener velas a mano por si ocurre un apagón, que ahora no son frecuentes como en otras épocas, o tomar precauciones -como sigue ocurriendo en campaña- de cerrar las ventanas si se levanta viento, para que no embolse la construcción y así evitar que se vuelen los techos”, agregó.

Consultado por quejas sobre percepciones de caos, desesperación y falta de respuesta institucional que suele haber a nivel ciudadano durante las primeras horas de un evento como la turbonada ocurrida en San Carlos, el titular del sinae consideró que, “si ningún vecino saliera a ayudar podrían ver que los protocolos funcionan. Hay que ser consciente de que por donde transitamos puede haber riesgos, aunque es muy valorable tanta ayuda, solidaridad y colaboración”. Traversa dijo que entiende que la gente pueda querer una respuesta “ya”, pero que se debe entender, por ejemplo, que UTE no podía actuar en las primeras horas de la madrugada, porque había riesgos de electrocución, y que el protocolo indica actuar primero en zona urbana de baja tensión, para luego avanzar sobre zonas rurales y de alta tensión.

“Tenemos poca cultura preventiva y más reactiva. Hay que aprender de las circunstancias para mejorar las cosas”, añadió.

A LAS CHAPAS. Los tiempos de las respuestas institucionales no suelen acompañar la velocidad con que desean resolver la situación quienes quedaron a la intemperie de un momento a otro. Así pasó con el cien por ciento de los techos de 33 casas que son parte de la cooperativa del Plan de Vivienda Sindical del PIT-CNT, linderas a la estación de servicio completamente destruida que se vio en diversas coberturas periodísticas. Diez minutos de viento, a 110 kilómetros por hora, arrancó techos y paredes de estas construcciones prefabricadas, destruyendo cinco completamente. La Agencia Nacional de Vivienda va a cubrir los gastos de materiales, pero “la gente se desanimó”, dice Martín Camacho, integrante de la cooperativa.

“Este proyecto de construcción debería haber durado un año. Llevamos más de dos y recién conseguíamos tener 33 casas prontas. Nos faltaban 17 para terminar. Arrancamos hace cuatro años con los trámites, pero son muchas las trabas burocráticas entre el Ministerio de Vivienda, la empresa que te tiene que entregar los materiales, los certificados de regularidad que te piden renovar cada año”, contó Camacho. Tras el temporal, “muchos compañeros ya perdieron el sueño de la casa propia y además se les voló el techo de la casa que estaban alquilando, o el contenedor en el que vivían”, agregó.

¿Por qué optar de nuevo por poner chapas? ¿Acaso no es el mismo material que se voló, que se dobló como una sábana sobre la piscina municipal?

Salvador Schelotto, director nacional de Vivienda, señaló que no hay que generalizar sobre bondades o dificultades de un sistema constructivo: “Un buen sistema de techo liviano, como en este caso, no tiene por qué responder mal”. Sobre los techos que se volaron en cooperativas de viviendas dijo: “Probablemente tenían déficit desde el punto de vista del anclaje”.

Schelotto recordó que Vivienda da respuesta “estructural” a este tipo de eventos, diferenciándola de la respuesta emergencial del sinae que es responsable del envío –y por tanto, de la calidad– de los materiales, en coordinación con la Intendencia.

Quince cuadrillas formadas por arquitectos y asistentes sociales van casa por casa para relevar los daños. Luego informan a la brigada solidaria del SUNCA que asigna obreros para la reconstrucción de la vivienda, si sus propietarios así lo quisieran. A diez días de la turbonada, hay zonas por donde las cuadrillas todavía no pasaron, dijeron vecinos a Brecha.

Obreros no faltan: a pesar de que en esta época del año es la licencia en la construcción, llegaron desde San José, Durazno, Rocha y Dolores a dar una mano; algunos sin los implementos de seguridad necesarios, ya que los habían dejado en la obra donde estaban empleados, ya que se iban de vacaciones, explicó el presidente del SUNCA en Maldonado, Alejandro Rodríguez.

El secretario general de la Intendencia de Maldonado y presidente del Comité de Emergencia Departamental, Diego Echeverría, informó a Brecha que más de 700 casas fueron afectadas en forma parcial, estructural o total.

En San Carlos, la fase de rehabilitación terminó la semana pasada, afirmó Traversa, con la entrega de unas 300 canastas con materiales (con unas 1800 chapas y bolsas con portland) enviadas por el sinae. Echeverría aclaró que la IDM “no tiene injerencia” en la calidad de las construcciones que se hagan: “cada vecino construye según sus posibilidades económicas”.

Para el proceso de recuperación, y pensando que fenómenos climáticos de este tipo pueden producirse más seguido, “hay que trabajar en aspectos constructivos e identificar mejores sistemas con el Ministerio de Vivienda”, sostuvo Traversa. De volverse más habituales estos eventos climáticos, para el jerarca cabría pensar si construir casas de madera en vez de material, para que se vuelen y rápidamente se construyan otras; contar con un sistema de alerta que prepare a la población para bajar a los sótanos, donde resguardarse con víveres y cosas necesarias, y tener seguros de propiedad que cubran el valor completo de la casa, como se implementa en varias zonas de Estados Unidos donde los tornados son habituales.

ORGANIZARSE. Una mujer murió. 45 personas fueron atendidas por heridas, 5 de ellas de gravedad. Mientras Traversa indicó que van retornando a sus casas, Marcelo Cabrera afirmó que todavía hay gente con traumatismos que no se atendió en los servicios de salud “para no abandonar su casa ni sus hijos”. Cabrera es médico y educador en el grupo scout San Carlos Borromeo. Ayudó de manera voluntaria en Dolores haciendo recreación, tareas de limpieza, clasificando y entregando donaciones. Ahora no podía dejar de hacer lo mismo en su ciudad.

“Aquí no hubo emergencia sanitaria, pero no se contempló la atención psicológica para quienes perdieron todo y sienten impotencia o depresión”, dice. Rodríguez, del SUNCA, también advierte que la gente quedó “muy afectada: sienten un ruido y se exaltan”.

Para Cabrera es clave aprender de quienes ya tuvieron una experiencia y brindar una respuesta colectiva. Toma el grupo “Reconstrucción de Dolores” como ejemplo de que la sociedad civil (profesionales, comerciantes, agroindustriales) se puede organizar para no superponer acciones con las instituciones de gobierno y brindar respuestas especialmente en los barrios “de la gente más modesta”.

En las próximas horas comenzarán las laboriosas tareas de reconstrucción en Maldonado. Jóvenes y obreros no han parado de ayudar, a pesar de la falta de agua y de comida en el gimnasio donde clasificaban ropa para donar (tantas veces sucia, tantas otras rota), a pesar de algunos cascos y tablones que faltaban.

Otra vez ha germinado la solidaridad expuesta a riesgos, con el cielo como testigo.

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