Entrevista en Hemisferio Izquierdo

En el número de Marzo de la revista digital uruguaya “Hemisferio Izquierdo” me preguntaron:

¿Cuál es el estado actual del feminismo en nuestro país y cuáles son, o deberían ser, sus estrategias?

¿De qué manera crees que puede integrarse el feminismo a los diferentes espacios del campo popular que históricamente han despreciado sus demandas?

Aquí mis respuestas

No se pierdan todo el número especial (La Impugnación Feminista), con entrevistas y artículos de referentes como Silvia Federici y Claudia Korol, entre otras.

A leer!

Derechos Humanos en el Uruguay

En 2015 y 2016 fui invitada por el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) de Uruguay a participar en la redacción de algunos artículos para sus informes anuales en los que dan cuenta del estado de situación de los derechos humanos en este país.

Comparto aquí ambos informes completos.

Ni Una Menos 2015 - Montevideo

Fotografía: Mauro Tomasini

En el Informe 2015 escribí dos artículos: uno sobre políticas de memoria (“Políticas de memoria en Uruguay: entre el control, la acción y la pasión”, p.39, en co-autoría con Carlos Marín) y otro sobre violencias de género (“Vivas nos queremos. Violencias de género en Uruguay”. p.349).

Derechos Humanos en el Uruguay – Informe 2015

En el Informe 2016 escribí otros dos artículos: sobre personas en situación de calle (“La calle no es hogar para nadie. Personas en situación de calle en Montevideo”, p.137) y sobre el acceso al aborto (“La práctica legal del aborto en Uruguay: Un derecho aún en construcción” p. 165).

Derechos Humanos en el Uruguay – Informe 2016

 

El feminicidio no es un numeral

El anuncio de Juan Andrés Roballo cinco días después de que se conmemorara el Día Internacional de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres fue tomado con cautela. En el portal web de Presidencia de la República no se decidían por femicidio o feminicidio. Así de intermitentes aparecían los términos según se mirara el artículo o el video que notificaba la decisión del Poder Ejecutivo de enviar un proyecto de ley que tipificara como delito los asesinatos de mujeres por razones de género, una problemática social que desborda el Código Penal pero que -viviendo en una sociedad que necesita del mensaje simbólico penal para entender los límites de lo permitido y lo intolerable en una convivencia comunitaria- requería una figura específica, independiente. Un mes después, el feminicidio se vuelve un numeral.

Siete de cada diez mujeres en Uruguay declararon haber vivido situaciones de violencia basada en género en algún momento de la vida. Una de cada cuatro mujeres de 15 años y más ha vivido situaciones de violencia por parte de su pareja o ex pareja en los últimos 12 meses. Una de cada tres mujeres de 15 años y más ha vivido situaciones de violencia durante la infancia, al tiempo que entre las mujeres de 65 y más 9,5% reporta haber vivido violencia por parte de su familia actual. La cifra de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas en los primeros seis meses de 2015 supera al total de homicidios por razones de género cometidos en todo 2014. Sin embargo, el Ejecutivo entiende que el femicidio debe agregarse como un numeral al artículo 312 del Código Penal vetusto, vergonzante, higienista y moralino cuya reforma está en debate parlamentario.

El presidente Tabaré Vázquez decide que debe redactar un proyecto de ley para tipificar el feminicidio y ordena a su prosecretario que lo anuncie, sin articular respuestas, cinco días después de que el Consejo Nacional Consultivo de Lucha contra la Violencia Doméstica presentara su Plan de Acción 2016-2019 “Por una vida libre de violencia de género con mirada generacional”, que incluye el diseño de una ley integral contra la violencia basada en género.

Un mes después del anuncio, el Ejecutivo presenta un proyecto de ley que dista de crear una nueva figura penal que contemple seriamente las múltiples y complejas aristas que suponen las relaciones de poder patriarcales entre géneros que acaban en la muerte de las mujeres, y que busque profundizar una respuesta estatal y social articulada y reflexiva. No es nada inocente que se haya optado por “femicidio” en lugar de “feminicidio”.

Si bien lo personal es político, la esfera privada puede ser utilizada política, electoral y mediáticamente en forma abusiva, al banalizar, revictimizar y catalogar como un hecho de (in)seguridad una problemática compleja. Desde algunos discursos políticos se utiliza la alarma social para priorizar respuestas punitivistas.

Con este proyecto de ley, una vez más, en Uruguay los conflictos sociales no se abordan desde la integralidad ni la interdisciplinariedad que requieren, sino desde una perspectiva patriarcal y androcéntrica. Una vez más, la fórmula es el castigo, entendiendo por éste siempre más prisión, en lugar de otro tipo de sanción penal. Esta propuesta no supone un abordaje realmente completo, que implique la detección de situaciones de riesgo, la prevención de desenlaces trágicos y el trabajo en resoluciones comunitarias del conflicto, no sólo fortaleciendo el trabajo con varones violentos, sino deconstruyendo modelos hegemónicos patriarcales en las relaciones entre los géneros.

Como señala la criminóloga española Elena Larrauri: “Es obvio que la reforma legal no solucionará los problemas de las mujeres, pero uno de los problemas de las mujeres es precisamente el contenido de determinadas leyes, y por eso hay que modificarlas”, y añade: “Ya que el derecho penal no cumple su función instrumental de evitar los delitos, lo mínimo que se le puede exigir es que cumpla la función simbólica: que envíe el mensaje a la sociedad de que dichas conductas son delitos y que no deben ser toleradas”. Advierte, no obstante, que el mensaje simbólico de acudir al derecho penal resultará equívoco si se considera que el problema real estará solucionado por la sola promulgación de la ley, siendo que ésta será aplicada por una Justicia que dista mucho de tener perspectiva de género y cuya balanza suele estar más a favor de la reconstrucción de una familia heteropatriarcal que de fortalecer la autonomía de las mujeres.

El proyecto del Ejecutivo mezcla de manera arbitraria definiciones de teóricas feministas con recomendaciones de organismos internacionales, no visibiliza la especificidad del delito, y le saca la cuota de responsabilidad que el Estado tiene (tanto en la comisión de feminicidios como en la prevención, el abordaje y la reparación del daño social que causa cada uno de estos casos). Se agrega al femicidio como agravante del homicidio, como agregan actos de discriminación por orientación sexual, identidad de género, raza u origen étnico, discapacidad u otra característica de la víctima.

En 2015 contamos 39 asesinatos de mujeres. El feminicidio no es un numeral.

Azul Cordo | Columna de opinión, La Diaria, 4 de enero 2016

Protocolo del dolor

Joselo López se mira a sí mismo en horario central contemplando las golpizas y ahogos a jóvenes encerrados y afirma: “Acá no hay ningún uso de la fuerza desmedida”. Se vanagloria de su acción y llama a “redoblar” la lucha. Para él, abordar a adolescentes encarcelados bajo el paradigma de los derechos humanos es “lírico”, como dijo en 2013; la misma calificación que utilizó Fernando Pereira, presidente de la central de trabajadores, cuando afirmó era un lirismo decirles “Muchacho, siéntate” para controlar una situación dentro de una cárcel.

En la defensa del no-protocolo llevado adelante por sus compañeros contra los jóvenes amarrocados en su presencia tal vez se cometieron “excesos” aunque, consideran, eso lo determinará la Justicia. “Excesos”, un eufemismo utilizado cuatro décadas atrás por los represores del terrorismo de Estado en referencia a las torturas, herramienta política aplicada de manera sistemática a detenidos desaparecidos y a presos políticos que se repite hoy bajo ecos de “lealtad” al movimiento sindical porque “a los compañeros no se los delata”.

Como sostiene Pilar Calveiro, toda política se define por la tensión entre la violencia, producto de las relaciones de dominación propias del ejercicio del poder, y la ética, como polo inverso que instala la demanda de justicia. En las instituciones de encierro se viven situaciones-límite sostenidas por la violencia ejercida por aquellos que están de parte del sistema, sobre aquellos que se encuentran irremediablemente colocados bajo su dominio, donde existe una división de trabajo entre señor y siervo, dirigente y dirigido, que no es más que la separación entre quienes detentan el poder y los que no lo detentan. Los grados de aplicación de esta violencia y exclusión varían según las necesidades que aquel que detenta el poder tiene de ocultarlas o disfrazarlas, señala Franco Basaglia en La institución negada.

El video es una muestra más de las vejaciones que viven a diario los jóvenes privados de libertad, como lo fue la cartulina naranja que varios pusieron a fines del año pasado contra las cámaras de seguridad del CIEDD para que su director leyera: “Tenemo ambre Julio”. Es la banalidad del mal en su esencia. La espectacularización de la tortura en el noticiero del mediodía. Como cuestionaba Hannah Arendt en su obra Eichmann en Jerusalén:“Cuánto tiempo necesita una persona normal para vencer la innata repugnancia hacia el delito”.

Plano corto

Infancia adjetivada: son menores. Niños negados. Destinatarios de sanción y castigo social. Cuello de botella de nuestras frustraciones y conflictos. Encerrados sin cuna. Son los desconsolados, los destinados al dolor.

“Nos tenían 4 o 5 horas contra los perimetrales haciendo la estrellita o la motoneta, lleno de botones atrás de nosotros que donde bajaras los brazos o se te aflojaran las piernas te pegaban con los brazos o las cachiporras en los tobillos, las rodillas, los codos, los hombros o las muñecas. Nos tenían desnudos como dios nos trajo al mundo y en invierno, y encima muchas veces te ponían boca abajo en el piso del patio, afuera, del lado donde estaban las macetas viejas. Esa parte estaba llena de hormigueros y ellos sabían, por eso nos obligaban a acostarnos ahí encima de los hormigueros. (…) Después te metían a la pieza medicado o inyectado, contra nuestra voluntad claro…”, cuenta un joven que en marzo próximo cumplirá 22 años y está preso desde los 13.

Como analiza Graciela Frigerio en La división de las infancias, en el marco de las teorías de la minoridad, protección y castigo son dos caras de la misma moneda: se castiga/encierra para proteger a la infancia en peligro material o moral, “con la característica particular de que lo que se sancionaría no sería un delito, una falta o un crimen, sino un origen social, un estado de situación una presunción de potencial delictivo (asignación de peligrosidad predelictual), en los cuales la gestión punitiva hizo y hace de punto de partida y horizonte”.

“Me tuvieron desnudo en el calabozo y me dieron un par de cachetadas que, a estas alturas, no era algo grave para mí”, acostumbrado ya a lidiar con funcionarios alcoholizados que se presentaban como los que habían estado en Miguelete y La Tablada, y funcionarias que practicaban sexo oral a cambio de darles mejor comida o visitas.

Vimos las dimensiones de su encierro, tan reducido que es enorme. Vimos el patio al que salen en esa hora que están fuera de su celda. Es allí, en el mismo rectángulo del dolor, bajo una claraboya de plástico, entre paredes que sólo reflejan rejas. Vimos la condensación del ejercicio del poder sobre sus vidas; la respuesta institucional al karma conflictivo que les asignamos.

“El tema de las palizas en el [centro] Puertas era algo común, siempre te toreaban para que saltaras y así tener la excusa para pegarte”, en referencia al centro del SIRPA que se cerró en abril de este año y cuyos funcionarios fueron trasladados al CEPRILI. En el Piedras “era sistemático: dos veces por semana nos picaban a palos. Siempre arrancaban los funcionarios que tenían una cachiporra y gas pimienta. Te pulseaban, te provocaban, te insultaban a tu madre”.

No seamos ingenuos ni hipócritas. Aquí no hay un pueblo que hierva de indignación. Aquí hay una juntada de firmas motivada por la culpa y doble moral pequeñoburguesa luego de que nos enrostraran el trato que les damos y/o toleramos a los negados, y creemos que con la renuncia de Joselo se acabó el problema. “No son angelitos, pero de todas maneras no merecen ser tratados así”, se lee en redes sociales, se escucha en almuerzos y en conversaciones de pasillo, también en el almacén, mientras el vecino aclara que igual tiene un arma por si algún día lo roban.

Lo que vimos en el video es la denuncia que no escuchamos desde hace veinte años. Es el bollo de papel que un funcionario le hizo tragar a un joven, representando la denuncia penal que la madre de otro había presentado ante la justicia. La grabación es muda. Si tuviera sonido, acaso serviría de argumento para justificar la tortura. Si tuviera sonido, acaso los funcionarios le pondrían música a sus tratos crueles e inhumanos, como relatan quienes sobrevivieron a La Tablada, cuando allí funcionó un centro clandestino de detención.

No nos estamos haciendo las preguntas adecuadas. El encierro nunca puede ser la solución a los problemas sociales.

¿Cuándo vencimos nuestra innata repugnancia hacia la violencia? Si esta cárcel sigue así, se volverá una gran fosa común de nuestra juventud negada.

Azul Cordo – Montevideo, 10 de agosto 2015

Reflejo del silencio

17° Marcha del Silencio por 18 de Julio. Montevideo, Uruguay. Matilde Campodónico.

17° Marcha del Silencio por 18 de Julio. Montevideo, Uruguay. Matilde Campodónico.

Hay personas con miedo. En sus ojos se ven pasillos vacíos.

Hay personas con fuerza. En sus ojos se refleja la vida de sus hijos, de sus hermanos, de sus compañeras.

Hay fotos carnet que son los mejores retratos. Y está la foto de la foto.

Hay charcos que reflejan luchas, pasos que chapotean en un asfalto gastado de impunidad, veredas que -en silencio- apenas claman por verdad y justicia.

La bandera, la consigna, al frente. Detrás, miles llorando por dentro. Indignados por dentro. Mudos de impotencia. Hartos de callar. Orgullosos de callar. Mudos de cansancio. No vencidos por el cansancio.

Esta fotografía de Matilde Campodónico forma parte de la muestra “Imágenes del silencio. 20 años de marchas” que se extiende del 16 de mayo al 15 de julio en la fotogalería a cielo abierto del Parque Rodó. 38 fotógrafos y fotógrafas zurcen la historia de la movilización más grande en Montevideo que se da por la avenida 18 de Julio cada 20 de mayo, desde 1996.

“No sé casi nada de ellos. Sé de sus caras”, dice Campodónico sobre su cobertura periodística en las Marchas del Silencio. Lleva un proceso “familiarizarme con esas fotos carnet. Empezar a conocerlos. Les miro con mucho detalle. Y cuanto más tiempo pasa, más les conozco e individualizo. Pero no por sus nombres o sus acciones pasadas, porque no sé casi nada de ellos. Sé de sus caras. Para mí, la foto carnet es la forma más perfecta del retrato”.

“Siempre elegí mirar las fotos y mirar a quienes las portan como un conjunto vivo, relacionados por el amor. Y lo que cada vez me resulta más insoportable de la situación es el limbo” en el que están las personas desaparecidas y la impunidad en la que se encuentran estos hechos.

“Me afecta en especial el dolor por esos seres queridos a los que no saben qué les ocurrió. Y esa falta de duelo o de desenlace hace que el tiempo no pueda seguir. Tengo esa sensación de que está todo suspendido y no puede avanzar. Es algo trancado, irresuelto y, por eso, intolerable. Y es intolerable para los involucrados, pero también, creo, para la sociedad toda. Eso también tiene que ver con la fotografía. La fotografía es un algo detenido. Es un instante único. Para mí siempre fue impactante la relación entre las marchas y la fotografía por todo este conjunto de cosas”.

“La memoria es muchas cosas. Y la memoria construye la realidad. De algún modo difundir esas caras y las caras de la gente que portaba esas caras ayudan a comprender el tema. Cuando camino de espaldas, mirando las fotos, siempre pienso en cómo alguien puede ignorar algo así. El recurso por el que se opta para las marchas es poner en contacto a las personas con los ojos de los desaparecidos. Enfrentar a quien mira a esos ojos que ya no están. Hacerles saber que esas miradas atrapadas en las fotos existieron. Es una marcha que pone a la fotografía como centro. Al valor explícito de la fotografía para desatar sentimientos. Mi trabajo en esas marchas es como un juego de cajas chinas. Es la foto de las fotos”.

En el charco, algo sucio y difuso, “esas miradas quedan pegadas a todo. Incluso al agua, al asfalto. No hay manera de escapar o ser indiferente. Y es, a pesar de todo y contra todo, sin importar el frío o la lluvia. Y pide que el tiempo pueda seguir. Que no siga suspendido. Que exista la posiblidad del futuro”.

Azul Cordo

Eufemismos

Que la oscuridad sea la luz del día para cientos de gurises y gurisas en nuestro país es impunidad.

Impunidad no es sólo que los represores estén libres. Es que nosotros continuemos presos del terror, del silencio, de la complicidad con las violaciones a los derechos humanos en tiempo presente.

Impunidad es que callemos ante las cosas que importan. Que minimicemos, o peor, justifiquemos, los abusos cotidianos. Que digamos: “malos tratos”, en vez de tortura; “paquetito” por plantón; “hogar” por cárcel; “cena” por fideo pegoteado en el fondo de una olla; “cama” por colchón en el suelo.

En el silencio abrumador repican los pasos contra el asfalto mojado. Las sombras se dibujan entre brumas. ¿Dónde es que estás?

Quizá la impunidad sea cada eufemismo que repetimos.

Azul Cordo

(*) 2015: ¡BASTA YA DE IMPUNIDAD! VERDAD Y JUSTICIA. Escrito para campaña 20 Marchas/20 Afiches, de la Coordinadora de Apoyo a la 20° Marcha del Silencio , Uruguay.-

La monstruosa radio

La violencia machista no es una fórmula matemática, “un simple análisis costo-beneficio”. El director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa de la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo (UM), Ignacio Munyo, presentó el 8 de abril los resultados de una reciente investigación suya en la que aborda “un aspecto puntual de las causas de la violencia doméstica: la dependencia económica”. “Presentamos evidencia sobre la relación causal entre la brecha de ingresos por género y la agresión contra las mujeres en el hogar”, contó al público en el Auditorio del SODRE. Si bien señaló que “estamos en presencia de un fenómeno multicausal”, enseguida esgrimió que “sería imposible pensar en analizar todas sus determinantes en un solo estudio”. Ah, ¿sí? No parece una dificultad que hayan tenido economistas feministas como Silvia Berger o Alma Espino, por citar dos referentes casi de manera azarosa. Se trata de poder conjugar las multicausalidades de esta problemática que, en su versión extrema, tuvo como resultado 15 feminicidios en las primeras 16 semanas del año en Uruguay.

En su presentación, Munyo invisibiliza años de economía feminista. Ni hablar de cruzar categorías como feminismo, género y clase. Aunque en un principio cita datos recientes de la Organización Mundial de la Salud, del Ministerio de Salud Pública y del Instituto Nacional de Estadística -que consideran esto como un problema “global”-, ¿el economista leyó a Nancy Fraser o a Silvia Federici (que hoy brinda una conferencia en el Paraninfo sobre “La violencia hacia las mujeres y el despojo de los bienes comunes”)? Si lo hizo, no se nota. No las cita. Su estudio carece de perspectiva de género.

Nos cuenta que “la potencial independencia económica de la mujer disuade al hombre de incurrir a la violencia en el hogar” y se vanagloria de haber partido del “sentido común” y probar esta afirmación que “parece bastante obvia” por medio de una “compleja metodología”. Su resultado central es que “el valor del dólar, en algún sentido, tiene el poder de anticipar la cantidad de incidentes de violencia doméstica”.

A esta altura de la historia de los feminismos no se puede hacer referencia a la violencia hacia las mujeres en términos de “natural” o barajar el “sentido común”. Hay que promover la desnaturalización de relaciones entre los géneros que reifican la opresión, la sumisión; desnaturalizar relaciones desiguales de poder. “Los problemas de desigualdad no se resuelven sólo con mayor educación, se requieren políticas que atiendan los cuidados en el hogar, promuevan la distribución de roles entre los sexos y transformen los estereotipos de género del mercado laboral”, afirma un estudio del Ciedur que se difundirá hoy y que agrega: “La mayor brecha de género en el empleo se da entre hombres y mujeres que viven en pareja”.

Munyo hace referencia a “hogares donde las mujeres no trabajan”. ¿Sabe dónde quedan? Es una afirmación temeraria en un país que está en pleno diseño del Sistema Nacional de Cuidados para niños, personas con discapacidad y adultos mayores, que visibiliza el trabajo no remunerado realizado por mujeres. La invisibilización de las mujeres en la economía es otra forma de violencia machista.

“Lamentablemente, la violencia doméstica está en los titulares de los diarios”, afirma el economista de la UM. ¿Lamentablemente? En buena hora aparece esta problemática en la tapa de los diarios; ojalá que, con suerte y viento a favor, se dejen de ver estos casos como parte de la crónica roja y se entienda que son un problema social, cultural y de seguridad. También de economía, claro: en la medida en que no se logre redistribuir el poder, no habrá cambio posible.

Un cuento del estadounidense John Cheever se titula “La monstruosa radio”. Es la historia de un matrimonio de jóvenes universitarios, con dos hijos, que viven en un edificio de apartamentos. Jim Westcott, el marido de Irene, le regala una moderna radio a su mujer, pero del aparato se filtran conversaciones de los vecinos, entre las que escuchan “intimidades ajenas” como “una agria disputa doméstica a propósito de unos números rojos en un banco”, gritos entre parejas, golpes del señor Osborn a su mujer. “Todos tienen problemas de dinero”, resume Irene a su cónyuge sobre las historias que escucha. “La vida es tan terrible, tan sórdida y espantosa”, acaba por concluir. Una tarde, al llegar Jim del trabajo, ellos también discuten: “Tienes que aprender a emplear el dinero que te doy de un modo un poco más inteligente, Irene”, le dice él. Munyo no sintonizó ese dial.

Publicado en La Diaria, 14 de abril 2015