Lo que soy lo llevo conmigo

La jornada de paro de mujeres en Uruguay fue tan diversa como las condiciones de vida: con paro activo en los lugares de trabajo, con paro total o parcial, según el sector, con intervenciones artísticas, asambleas, canto, volanteada. La marcha ya es un hito: decenas de miles de personas se movilizaron de la plaza Libertad hasta la explanada de la Universidad. Queda planteado el desafío de hacia dónde va ahora la marea femenina.

Un pulso distinto y la piel erizada. Poder sentir eso, sin pensar en una situación que tuviera que ver con caminar por una calle oscura, volviendo a casa a la medianoche. Estar rodeada de gente desconocida y no sentirse sola. Preguntarnos por qué vinimos e intentar sortear consignas que se vacían de su contenido, entre palabras como igualdad, patriarcado, equidad, hombres y mujeres, o frases repetidas como: “Esto es una causa súper importante que nos toca a todas”.

Crónica del histórico Paro de Mujeres en Montevideo y de la movilización que reunió a unas 300 mil personas en la principal avenida de la capital.

Lea la crónica completa aquí: Azul Cordo – Lo que soy lo llevo conmigo

Una historia violenta

Cuatro décadas de relación acabaron apuñaladas. Se casaron cuando ella tenía 16 y él 19. Vecinos, familiares y activistas recordaron en el Cerrito a Susana Islas, a un mes de su femicidio. ¿En quién busca ayuda una mujer maltratada psicológica y físicamente durante años que, de golpe, debe cambiar su rutina, amenazada por el hombre con el que convivió tanto tiempo? ¿Cómo desandar la personalidad del ofensor? ¿Cómo cortar el círculo de la violencia?

Era muy coqueta. En esta foto no se nota tanto, pero cuando salía a trabajar no sabías si se iba al trabajo o de paseo. Pelo lacio, negro y largo hasta los hombros. Cerquillo peinado un poco hacia la izquierda. Acostumbraba llevar pantalones y caravanas de perlas.

Esa mañana salió, como todas las demás, a las 8 a trabajar. Jueves 15 de diciembre. Desde hacía dos semanas era acosada por su exmarido, aunque seguían casados. Él, que fue taximetrista, ya había probado en tirarle el auto por lo menos dos veces, a la vuelta del apartamento o en el cruce de General Flores. La esperaba a metros o en la puerta de sus lugares de trabajo. “No te hagás el vivo porque está Raquel atrás de la cortina. Te está viendo y si hacés algo, llama a la policía. Andate”, le dijo en la casa de la patrona donde cobraba por jornal.

“Me va a limpiar. Me va a limpiar”, le repetía a su sobrina Margot por teléfono, cuando hablaban a primera y a última hora del día.

Los lugares comunes se hacen carne: era una madre excelente, buena persona, alegre. Él era un cínico, manipulador, frío, calculador.

Los detalles suman: “hasta limpiaba con música”. Todos la conocían en el barrio, le gustaba mucho bailar. Lo último que puso en el Facebook fue un video de la Borinquen.

Antes de separarse –por decisión de él, que de un día para otro se llevó sus cosas a la casa de su nueva pareja– habían estado en su Flores natal, visitando parientes. Estaban tan bien. Parecía.

“En las últimas semanas ella andaba horrible”, dice grave Beatriz. “Venía corriendo y tocaba mi puerta”. Se resguardaba y juntas evaluaban si llamar a la policía.

Por esos días se había generado un sistema de alarma entre vecinos y vecinas. En el camino de vuelta hacia el apartamento, cerca de las 8 de la noche, algunos la mensajeaban y le avisaban por dónde estaba Silvio, para que ella pudiera tomar por otra calle. O la acompañaban hasta la parada. Y hasta la comisaría 12 a hacer la denuncia.

Además de increíble para quienes más la conocían, su muerte causa estupor en quienes van sabiendo lo ocurrido. Uno de sus patrones llegó hasta el apartamento de Susana para que le firme los papeles para la liquidación. Era el día del velorio. Allí le contaron. Y se descompuso.

Somos testigos de un disparate, dice una catequista que se anima a hacer uso de la palabra tras el minuto de silencio sugerido por la Coordinadora de Feminismos. Se acaba de enterar que hace un mes Susana, su compañera de fe, murió asesinada en el asfalto, a pocos pasos de su casa, y se estremece de arriba abajo. Pide a los presentes que no se olviden de los hijos de Susana, que los acompañemos, que recordemos lo que significa la solidaridad y pregunta: “¿Qué entendemos por ser personas de buena voluntad?”, para rematar diciendo que “la razón y la fe no se oponen” y que el marido de Susana seguro tenía algún problema psiquiátrico para haber hecho lo que hizo.

“Estaba tan aterrada que empezó a hablar”, dice Margot, dos años menor que Susana. Ella también es empleada doméstica.

El 14 de diciembre, un día antes de que Silvio le asestara un golpe al corazón y la degollara, Susana cambió su foto de perfil en Facebook. Está de entrecasa, pero impecable: viste jeans y una remera blanca que reza Beautiful en letras negras. Lleva lentes negros y el brazo derecho en asa sobre la cintura. A comienzos de mes había ido a ese cumpleaños de 15. A él le molestaba verla bien a pesar de que estaban separados. Eso lo enloqueció.

Después de acuchillarla, él también se lastimó. “Sólo se dio unos pinchacitos”, dice Alicia, una de las seis hermanas de Islas. “Se quiso autoeliminar”, opina otro sobrino.

***

El eco se hace fuerte en el Cerrito de la Victoria. La tarde cae crepuscular y el viento aumenta hacia el oeste. “Ni una muerta más. Ni una mujer menos”, gritan las presentes, en su mayoría jóvenes integrantes de la Coordinadora y varias vecinas de Susana que este miércoles 18 realizaron un acto en la explanada de la Iglesia, a un mes del crimen.

En el campito detrás de la Iglesia, los jóvenes han parado de jugar al fútbol. Tres, cuatro, cinco niños y niñas caminan sus primeros pasos torpes para escuchar qué son esas voces. “Una vez más: la noticia, la rabia, el dolor”, dice el coro femenino.

Alicia tiembla. Intenta seguir la lectura de la proclama escrita en volantes que repartieron a las autoconvocadas. Intenta leer. Su rostro es llanto. Intenta leer. Hace mímica.

***

“Era un amor enfermo. Yo le decía: ‘Susana, querete vos’”, rememora Beatriz, vecina confidente.

Estaba aterrada. El día antes de que pasara esto, de que él la matara, ella me dijo:

–Margot, tengo miedo.

–Pero cómo te va a matar…

–¿Cómo no me va a matar? Si él tuvo el coraje de tirarme por la ventana del apartamento y hacerles creer a todos que fui yo.

En ese momento no podían sospechar, dicen los familiares. Era normal que se quisiera matar, si había perdido a sus tres hijos en el incendio de su vivienda, allá por Camino Maldonado. Tenían 13, 11 y 9. El mayor cumpliría 38 años.

Él les decía que trancaba la puerta para que no me escapara, pero en verdad es que no me quería dejar salir.

Del no-sabíamos-que-pasaba-algo-entre-ellos, comienza a filtrarse el recuerdo de aquel golpe en un asado, frente a todos los comensales. Y generar peleas y entredichos para luego prohibirles que los viera. La memoria perdura, pero hay que entrenarla.

Algunas miradas perdidas en el horizonte recrean las escenas mudas. Cuando la ataba con esposas y la violaba. Cuando le pegaba a los niños. Cuando guardaba el arma reglamentaria bajo la almohada y el más chiquito jugó a que lo mataba, apuntándolo con el caño frío.

Los niños no se llevaban bien con su papá. Eso lo recuerdan todos.

Cenizas.

Mudarse a la cooperativa para comenzar de nuevo con 29 años.

***

El apartamento está en el segundo piso por escalera. 120 viviendas en todo el complejo, ubicado en la calle Bruno Méndez, a una cuadra del Santuario Nacional del Corazón de Jesús, conocido como la Iglesia del Cerrito de la Victoria en Montevideo.

La puerta del apartamento –como la mayoría de este edificio, al menos– tiene rejas. Dentro: una habitación, un living, una cocina. Dentro: Susana rearmó su hogar junto a Silvio y tres años después tuvieron un hijo; cuatro años después, otro.

El lunes 12 de diciembre, tres días antes de ser apuñalada por su marido, Susana fue a la seccional 12 a ampliar la denuncia por violencia doméstica. La radicó a las 20:25.

El jueves una vecina llegó a escuchar que gritaba que no la matara, que la dejara vivir por sus hijos. En el parte policial, los 54 años de vida de Susana se reducen a “fallecimiento paro respiratorio por herida de arma blanca”. De él no se dice ni el nombre. Apenas que tiene 57 y que presenta “herida de arma blanca, penetración leve de tórax”.

“Cuando una mujer denuncia, debería haber seguimiento”, opina Margot.

Vuela el pasto fresco recién cortado en la cooperativa. Alicia y Margot cuentan que el hijo más chico de Susana no pega un ojo en el apartamento. Que sólo puede dormir cuando las visita en Paso de la Arena. No habla. No llora. No duerme. Él también fue amenazado por su padre: “Voy a matar a tu madre. Y si te metés, a vos también”. El que avisa no traiciona.

Se despierta escuchando la voz de Susana. “No está mamá”, se da cuenta cuando la busca.

Por averiguaciones personales, saben que Silvio está preso. Pero desconocen dónde está el expediente de la causa, cómo seguir para pedir justicia. La feria judicial ha estado de por medio, no tienen abogado que los represente, tienen que averiguar si a los jóvenes les corresponde alguna pensión y demás etcéteras burocráticos vinculados a la economía de la parca.

“Que dios haga justicia. Esto fue con premeditación y alevosía”, dice una vecina al pasar.

***

Llego a mi casa tras la concentración en el Cerrito. Unos vecinos, la pareja que vive en el piso de enfrente, pelean en el balcón. Ella le sostiene la mirada hacia arriba y agita un poco sus manos. Él está de espaldas a mí; apoya sus manos sobre el balcón y habla bajo. Resoplan. Entran. Prenden el noticiero. Se dicen “amor”. En un rato tendrán sexo de reconciliación. Bufarán sabiéndose los malhumores y naturalizarán una vez más el empujoncito, el gritito, el destrato, el ninguneo.

¿Llegará el momento de pensar “cómo no lo vimos antes”? ¿O de resguardarnos en la justicia divina? ¿O de decir que en las cosas de pareja nadie se meta porque es privado?

Pregunto. Porque aquí se trata de rearmar una presencia.

Lea la versión publicada en Brecha el 20 de enero de 2017: Azul Cordo – Una historia violenta

Decisoras

Crónica desde la frontera: 500 mujeres de Brasil, Argentina y Uruguay se reunieron por la Marcha Mundial de las Mujeres en Rivera.

En la frontera, algunas mujeres somos vistas como potenciales víctimas de robo, violación, secuestro, trata y tráfico de personas. Resulta casi ridículo escribirlo, pero llegar a las 6.00 a la terminal de ómnibus de Rivera es sinónimo de que el guarda te advierta que “es mejor esperar que aclare” para caminar diez cuadras hasta el hotel. Esto supone ir por la avenida principal (Sarandí o Andrade, según de qué lado de la línea divisoria imaginaria estemos), bordeando el Parque Internacional, epicentro de la actividad lúdica y cultural de la zona, espacio público de festivales gauchescos y de rincones donde niñas y adolescentes son expuestas a situaciones de explotación sexual.

Hago tiempo en la terminal antes de encontrarme con las mujeres que asisten a la 4a Acción Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) en Brasil, que se realiza cada cinco años desde 2005 y esta vez tuvo lugar los días 26, 27 y 28 de setiembre. Los baños femeninos están en el primer piso. En el descanso de la escalera se aclara: “Prohibido subir hombres”.

Hago tiempo en la terminal, sumisa a la indicación masculina. Otras 15 personas también lo hacen. Toman mate, miran el escaso horizonte donde apenas se asoma un morro verdoso. Leo repercusiones de la visita de Judith Butler a Argentina. Remarca la importancia de “rechazar el lenguaje del debate provida o contra la vida”: “Lo que está en cuestión es: ¿cuáles, de quiénes, son las vidas que importan? Ésta es la pregunta a la que se refiere el debate del aborto: ¿la vida de qué mujeres importa?, ¿qué vidas son las que se hacen vivibles, incluyendo poder decidir cuándo tener hijos?”.

6.49. Cinco ómnibus y camionetas de bagayeros descargan cajas sin parar. El cielo no va a salir de este gris. Con el recuerdo de las vidas truncadas de dos niñas de 12 y 13 años que quedaron embarazadas producto de abusos reiterados en el Parque Internacional, me levanto y me animo a cruzar la frontera. 500 mujeres que le hacen frente a la opresión machista me abrazan.

No somos incubadoras

Entre batucadas, pañuelos violetas y verdes, faldas naranjas, rondas de cánticos reivindicatorios, sindicalistas, parlamentarias, negras, lesbianas, llegaron al Teatro Municipal de Rivera para participar en el primer panel, “Coyuntura de la discriminación y despenalización del aborto en Argentina, Brasil, Uruguay”.

Cíntia Barenho, una de las coordinadoras de la MMM de Rio Grande do Sul, recordó que las mujeres deben luchar todos los días por conquistar su derecho al cuerpo, por lograr escapar de los circuitos clandestinos de aborto y contra parlamentos como el brasileño, que la semana pasada aprobó por ley que la familia es solamente la unión entre un hombre y una mujer.

“El aborto es parte de la vida de las mujeres”, continuó Sónia Coelho, de la MMM-Brasil. “No siempre ha sido criminalizado. La criminalización es una nueva forma de controlar nuestros cuerpos y nuestras vidas, y tiene consecuencias directas en mujeres pobres y negras”. Por eso señaló la importancia de hacer trabajo de base con mujeres, formación política para desarrollar su autonomía.

Si bien en Brasil hubo varios proyectos por la despenalización a comienzos de los años 90, que se sumaron a la campaña latinoamericana y del Caribe, lamentó que desde mediados de esa década el movimiento feminista de su país “no tenga una estrategia [conjunta] por la despenalización”. Coelho sostuvo que “la perversidad del machismo es impedir que las adolescentes puedan acceder a anticonceptivos de emergencia” para acabar con embarazos no deseados.

Así como argentinas y uruguayas habían hecho referencia en cánticos y charlas de pasillo al uso del misoprostol para abortar, Sónia destacó que mientras las brasileñas pudieron usar Cytotec (el nombre comercial con el que se la vendía en su país) “disminuyeron las muertes de mujeres por aborto”, pero ahora “pasó a ser comercializado por las organizaciones criminales que controlan su venta”, lo que pone doblemente en riesgo la vida de las mujeres.

Maru Casanova, politóloga e investigadora de Mujer y Salud en Uruguay (MYSU), destacó las “dificultades para la implementación” de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y la necesidad de “avanzar sobre lo logrado” en la agenda de derechos. Señaló que es necesario difundir más y mejor los servicios de salud sexual, reproductiva y de aborto que se implementan en el país, y que el monitoreo social debe sostenerse para evaluar el funcionamiento de las políticas públicas. Subrayó que la objeción de conciencia es una de los principales barreras que persisten en el acceso a IVE, además de las continuidades al modelo materno-infantil en políticas de salud. Casanova mostró al auditorio una foto tomada minutos atrás: era del Monumento a la Madre, en Rivera, cuyo lema es “ternura y amor, abnegación, sacrificio y renuncia”, y concluyó: “Tenemos todavía una larga batalla cultural por delante”.

Dora Martínez, integrante de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, remarcó que estas instancias internacionales son positivas para “intercambiar experiencias” en la lucha por la despenalización y legalización del aborto, es decir, “por el derecho inalienable a decidir sobre nuestros cuerpos, nuestro territorio”. Instó a construir una “ofensiva” regional que signifique “dar vuelta la agenda de los gobiernos” para que se enfoquen en los derechos de las mujeres.

Recordó que la lucha por el aborto legal en Argentina comenzó como un taller de estrategia por el derecho al aborto, desarrollado en el 18° Encuentro Nacional de Mujeres, que derivó en la constitución de la Campaña Nacional en 2005. Cinco veces después de haber presentado proyectos de ley para la despenalización del aborto, “todavía tenemos que seguir luchando contra el patriarcado, representado especialmente por la iglesia y el Estado”, indicó la sindicalista. “El aborto sigue siendo una deuda de la democracia, de las gestiones de gobierno y de salud pública”, agregó. Mientras que “el patriarcado nos puso en un lugar de incubadoras, la resistencia feminista ha salvado vidas y ha logrado que las mujeres se empoderen”.

Con misoprostol en mano

En la mañana del domingo se realizaron ocho talleres simultáneos sobre saberes populares y ginecología natural; mujeres negras; mercantilización y medicalización del cuerpo; políticas públicas contra la violencia de género; identidades de género; educación feminista y construcción de resistencias para la vida de las mujeres. En este último, las Socorristas en Red de Argentina contaron cómo funciona desde 2012 su organización, que nuclea a 23 grupos en todo el país que asesoran sobre el uso de misoprostol mediante contactos personales en espacios públicos con quienes deseen interrumpir un embarazo no deseado. En lo que va del año acompañaron a 1.293 mujeres.

En el encuentro se acordó replicar la “pedagogía socorrista”, con un fuerte hincapié en la “despenalización de la palabra”, para “desdramatizar” las narrativas en torno a la práctica de abortar, además de generar redes de “profesionales amigables” que apoyen en esta decisión. “Es una tortura para la mujer practicarse un aborto y vivir con culpa. Las mujeres vamos a seguir abortando. Nuestra lucha es para no seguir muriendo. Vamos a morir menos si estamos organizadas”, dijeron.

En el marco del Día Internacional por la Despenalización del Aborto, ayer al mediodía ocuparon una vez más el Parque Internacional al grito de “Mujeres, feministas, revolucionarias, seguiremos en marcha hasta que todas seamos libres”.

En Uruguay el aborto sigue siendo un delito (artículos 325 y 325 bis del Código Penal), por fuera de las condiciones restrictivas establecidas por la ley IVE. Este año, dos mujeres fueron procesadas con prisión en Maldonado, y MYSU relevó la semana pasada otros casos de procesamientos por aborto en Rivera.

Bordeo el parque, pienso en esas niñas que ahora juegan allí. Recuerdo como un mantra la reflexión de Herta Müller, en su ensayo Hambre y seda, sobre la inexistente ley de aborto en Rumania durante el régimen de Ceausescu: “Me da miedo pensar que, algún día, muchos niños se enterarán de por qué están en este mundo. El tercer, cuarto, quinto hijo de una madre será incapaz de ignorar la relación entre su propia vida y la obligación de tener hijos que pesaba sobre las mujeres”.

Los relatos de aborto son también relatos de vida.

Azul Cordo, La Diaria.

En busca del tiempo perdido

Actividad del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas en el INJU. Foto: Santiago Mazzarovich/La Diaria

Actividad del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas en el INJU. Foto: Santiago Mazzarovich/La Diaria

Comité de los Derechos del Niño de ONU criticó paradigma tutelar uruguayo y exhortó a dar participación activa a los adolescentes

Entrevista a los comisionados Sara Oviedo y Jorge Cardona en su paso por Montevideo, y las voces frescas de niños, niñas y adolescentes que tenemos que volver a escuchar.

Podés leer la nota aquí: en busca del tiempo perdido

Fuimos niños y nos olvidamos.

Un proyecto mestizo de amor

Gustavo Bautista (Vilardevoz) y Eduardo Codina (La Colifata). Foto: Iván Franco

Gustavo Bautista (Vilardevoz) y Eduardo Codina (La Colifata). Foto: Iván Franco

Radio Vilardevoz publicó en La Diaria el suplemento Radios Locas sobre el Primer encuentro latinoamericano de colectivos radiofónicos y comunicación participativa que tuvo lugar en Montevideo los días 9, 10 y 11 de octubre de 2014.

Tuve el placer de participar en la redacción y edición del suplemento.

Radio Vilardevoz, en el Hospital Vilardebó Foto: Ivan Franco

Radio Vilardevoz, en el Hospital Vilardebó
Foto: Iván Franco

Pueden descargarlo en este link: la_diaria-20141015-radios_locas_1