“En el aborto hay algo potente: rompe el control de la dominación masculina”

Casi diez años después de terminar el trabajo de campo, Susana Rostagnol parió 285 páginas que celebran su implicancia como antropóloga feminista y describen cómo el aborto “condensa relaciones de poder que corresponden a la dominación masculina”.

Esta doctora en Antropología estudia las prácticas y representaciones en torno al aborto voluntario, cómo éstas son el resultado de las relaciones de género y cómo actúan para modificar o perpetuar esos vínculos. Entre juezas de concepciones puras y objetores de conciencia, la académica no duda: el éxito será mantener el derecho conquistado.

Lea el artículo completo aquí: Entrevista a Susana Rostagnol – Brecha.

Sujeta de derecho

Entrevista a Patricia Laurenzo, catedrática de derecho penal de la Universidad de Málaga

Opinó que el proyecto de ley sobre femicidio que presentó el Poder Ejecutivo es “simbólico” y pretende dar una respuesta rápida y punitiva “para tranquilizar” a quienes pedían que se creara la figura delictiva. Sostuvo que el femicidio debe ser un agravante del homicidio, y subrayó que no se puede buscar la solución de los problemas sociales en el derecho penal.

De visita en su país natal, Laurenzo estuvo esta semana en Montevideo invitada por la Escuela de Gobierno del Parlamento para la jornada con expertos internacionales sobre reforma penal, que se llevó adelante el 25 de febrero (de 2016). Allí se refirió a la “Problemática y estado actual de la discusión en torno a la tipificación del femicidio/feminicidio”. En esta entrevista advierte tanto sobre las trampas en las que pueden caer los movimientos de mujeres al pedir nuevas figuras penales para visibilizar situaciones estructurales de discriminación de género, como sobre las respuestas de populismo punitivo que suelen brindar los gobiernos, que acaban no modificando las estructuras de poder que sustentan la violencia de género.

La catedrática exhortó a que el debate en torno al femicidio no sea un “parche”, sino parte de una discusión más global sobre cómo se va a introducir la perspectiva de género en esta reforma profunda del Código Penal, cuyo último proyecto –frenado en diciembre de 2014– mantenía la figura de “atentado violento al pudor”. “Aquí todavía hay mentalidad machista”, afirmó Laurenzo.

Consultada sobre el proyecto de ley referente a la penalización del femicidio, que el Poder Ejecutivo elevó a la Asamblea General el pasado 28 de diciembre, opinó:

—Creo que tiene un perfil simbólico, creando una figura de femicidio que, por las características del texto, me parece muy difícil de poner en la práctica (penal). La redacción ha intentado incorporar todo lo que hay escrito sobre feminicidio, más como un mensaje para tranquilizar a quienes están demandando la figura, que pensando en una prevención eficaz. Como estrategia no es buena: (lo redactado) es un modelo muy fácil de criticar. En derecho penal no se trabaja por presunciones ni intentando probar sentimientos, no interesan las causas que motivaron el crimen, sino el bien jurídico a proteger. Es ilegítimo darle un uso simbólico al derecho penal, porque éste trabaja sobre la prevención del delito. El proyecto entiende que hubo femicidio “si se causare la muerte de una mujer, mediando motivos de odio o menosprecio”. Es difícil que un juez pruebe, en el proceso técnico, que existió un sentimiento de odio a la víctima. En derecho penal las presunciones están vedadas; se deben probar circunstancias objetivas que se reconocen como violencia de género. Una cosa es lo que se puede pensar que es feminicidio, y otra es lo que debe decir la ley. Hay confusiones, por ejemplo (en el literal E, donde se establece como circunstancia de femicidio): “Cuando el homicidio se cometiere en presencia de las hijas o hijos menores de edad de la víctima o del autor”. Aquí se está pensando en un ejemplo clásico de femicidio: cuando la pareja varón mata a su esposa. Pero, vaya, ¿qué pasa si un ladrón entra a la casa y se encuentra con una mujer y la mata frente a sus hijos? Se tipificaría como femicidio, según el proyecto.

—En Uruguay ha habido resistencias a tipificar el feminicidio, bajo argumentos de la Suprema Corte de Justicia –que planteó que el Código Penal ya contempla la figura de “homicidio agravado por el vínculo” (circunscribiendo estos crímenes sólo al ámbito privado)–, o del Ministerio del Interior, que se manifestó a favor de una figura con una “pena diferente” al homicidio, pero que no responsabilice al Estado.

—Existen resistencias desde la ciencia penal y la judicatura, utilizando los mismos argumentos en cada país donde se ha planteado este tema, desde España hasta aquí, con debates muy similares sobre si esto afecta el principio de igualdad, que es un derecho penal de autor, y que las mujeres ya están contempladas en la legislación de minusválidos, ancianos, niños, y otros colectivos considerados “vulnerables”.

Otro riesgo es cuando algunos movimientos de mujeres posicionan sus argumentos desde la “vulnerabilidad femenina”, quedando entrampadas en un paternalismo punitivo donde desaparece cualquier reivindicación de autonomía y se refuerza el estereotipo de mujer débil que necesita protección. Hay una especie de fascinación en torno al derecho penal, como si éste pudiera resolver los problemas de la violencia de género, y no es así. Aquí no se trata de eso, sino de visibilizar el lugar de vulnerabilidad en el que la sociedad pone a las mujeres. Yo formo parte del feminismo crítico que dice: “Ojo, que el derecho penal es muy tramposo”, y no todas pedimos intervenciones punitivas.

—De allí que en su obra advierta sobre el “punitivismo excesivo” que llega a saturar al sistema penal, generando efectos contraproducentes, como que, al recibir tantas denuncias por situaciones de malos tratos, sin los adecuados canales de derivación, queden invisibilizadas situaciones gravísimas con desenlaces fatales.

—Si se van a remitir al derecho penal, hay que aceptar su lenguaje y sus lógicas. El feminicidio es un delito contra la vida. Es una conducta de quitarle la vida a otro, y tiene la particularidad de que ese otro es una persona de género femenino y que la mata por el hecho de ser mujer, y eso, a su vez, atenta sobre otros derechos: el de la dignidad, el de vivir una vida libre de violencia, etcétera. Cuesta referirse al homicidio por su raíz masculina, pero esto significa “matar a otro”; bueno, femicidio es matar a otro en circunstancias y condiciones determinadas. Por lo tanto esto no puede suponer la creación de una figura autónoma. Yo no soy muy partidiaria de la figura autónoma. Si se quiere pensar que para empezar a abordar esta problemática hay que ir por la vía penal –yo no lo tengo muy claro todavía–, me inclinaría por que el feminicidio fuera un agravante del homicidio. En lo que sí sirve tener un delito específico es para cuantificar la violencia y mejorar el registro de casos. Pero para acabar con estos hechos se deben cambiar pautas de comportamiento. Esto tiene un problema de fondo muy grande: los esquemas de subordinación femenina y la discriminación de género, y no se resuelve con una figura penal, sino con campañas de formación en género para el funcionariado policial y judicial, creación de juzgados específicos, recursos económicos y de vivienda para mujeres víctimas de violencia, abordaje a maltratadores; en suma, con mejor educación para toda la sociedad.

Publicado en Brecha, 26 de febrero de 2016.

ES
En “Apuntes sobre el feminicidio”, Laurenzo remarca la motivación sexista que tienen los autores de estos crímenes, y plantea que estas muertes son “consecuencia de la subordinación de los roles femeninos que impone el patriarcado”. Si bien la considera una categoría analítica que ayuda a “desvelar los factores discriminatorios en las muertes violentas de las mujeres”, reconoce que aún le falta mayor consenso en la criminología.
Como figura penal, distingue entre las clases de femicidio a las muertes violentas de mujeres por conductas delictivas, en el ámbito privado (femicidio íntimo) o público (agresiones sexuales, asesinatos en serie, estrategia de guerra); así como a las muertes evitables no criminalizadas (partos inseguros, abortos caseros en países donde está prohibida la interrupción voluntaria de un embarazo, infecciones de trasmisión sexual y sida –cuando la mujer no puede negociar el uso del preservativo–, la alimentación selectiva en culturas donde las niñas son consideradas inferiores a los niños). Además subraya que debe tomarse en cuenta el incumplimiento de los estados en cuanto a sus deberes referidos a la protección de las víctimas: el tratamiento policial, judicial, investigativo y de reparación influye en la construcción de patrones de género. Si los casos quedan en la impunidad, se está enviando a la sociedad un mensaje de que la violencia contra la mujer “puede ser tolerada y aceptada en el diario vivir”. [En Revista de Derecho Penal y Criminología, tercera época, número 8. Uned, 2012.]

 

Entrevista en Hemisferio Izquierdo

En el número de Marzo de la revista digital uruguaya “Hemisferio Izquierdo” me preguntaron:

¿Cuál es el estado actual del feminismo en nuestro país y cuáles son, o deberían ser, sus estrategias?

¿De qué manera crees que puede integrarse el feminismo a los diferentes espacios del campo popular que históricamente han despreciado sus demandas?

Aquí mis respuestas

No se pierdan todo el número especial (La Impugnación Feminista), con entrevistas y artículos de referentes como Silvia Federici y Claudia Korol, entre otras.

A leer!

Desde tierras extrañas

“Mi corazón escapa hacia las montañas/
Puede ser que muera aquí, en tierras extrañas”

Canción entonada por milicianas de las Unidades Femeninas de Protección en el Kurdistán sirio.

“Uruguay siempre abrazó las causas de los pueblos, como cada vez que ha manifestado su apoyo al pueblo palestino, o en su reconocimiento del genocidio armenio”, recordó Meliké Yasar, quien desde hace dos años está compartiendo la historia y la lucha del pueblo kurdo para tejer lazos solidarios en América Latina.

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Lo que soy lo llevo conmigo

La jornada de paro de mujeres en Uruguay fue tan diversa como las condiciones de vida: con paro activo en los lugares de trabajo, con paro total o parcial, según el sector, con intervenciones artísticas, asambleas, canto, volanteada. La marcha ya es un hito: decenas de miles de personas se movilizaron de la plaza Libertad hasta la explanada de la Universidad. Queda planteado el desafío de hacia dónde va ahora la marea femenina.

Un pulso distinto y la piel erizada. Poder sentir eso, sin pensar en una situación que tuviera que ver con caminar por una calle oscura, volviendo a casa a la medianoche. Estar rodeada de gente desconocida y no sentirse sola. Preguntarnos por qué vinimos e intentar sortear consignas que se vacían de su contenido, entre palabras como igualdad, patriarcado, equidad, hombres y mujeres, o frases repetidas como: “Esto es una causa súper importante que nos toca a todas”.

Crónica del histórico Paro de Mujeres en Montevideo y de la movilización que reunió a unas 300 mil personas en la principal avenida de la capital.

Lea la crónica completa aquí: Azul Cordo – Lo que soy lo llevo conmigo

La marea está en movimiento

Más de 40 países se sumarán el próximo 8 de marzo al paro de mujeres, una iniciativa feminista que se multiplicará en cientos de ciudades. Desde Uruguay, las organizaciones llaman a parar “como puedas”: vistiendo de violeta, colgando carteles, marchando, haciendo asambleas, armando escobas para barrer desigualdades.

Entrevista a algunas organizadoras del Paro de Mujeres en Montevideo y en Varsovia.

“Veo este paro internacional como un feminismo muy popular que está surgiendo, se despierta la conciencia de las mujeres como tales, no tanto el feminismo como teoría. Hay vida y hay teoría. Ahora la teoría está bajando a la vida. Nos unen los asuntos de mujeres, empezando por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, y llegando hasta el impacto de nuestra producción y reproducción en la economía. Eso despierta la esperanza para cambios reales de las mujeres.” [Klementyna Suchanow – PIM]

Lea la nota completa aquí: Azul Cordo – La marea está en movimiento

Cargar con la pena

El 40 por ciento de las mujeres presas en Uruguay lo están por causas vinculadas a delitos de drogas. Gran parte son primarias, madres solteras, jefas de hogar y rondan los 23 años de edad. La experta en políticas de drogas desde un enfoque de derechos Coletta Youngers dialogó con Brecha y reiteró su propuesta de que las medidas sustitutivas a la prisión sean parte de la solución del problema.

Las mujeres son el último eslabón en las cadenas del narcotráfico. El más reemplazable, descartable, olvidable. Tienen tareas de bajo nivel pero de alto riesgo. Se suele decir que son el componente “más débil”, aunque la debilidad –tan asociada, como característica, al género femenino– poco tiene que ver con mujeres que en toda América soportan penas de entre diez y veinte años de prisión por delitos de microtráfico o narcomenudeo.

Cargan con la pena muchas veces para encubrir (y, al hacerlo, salvar) a sus parejas varones, a primos o a hermanos envueltos en redes de narcotráfico, incluso inculpándose en hechos que no cometieron. Otras se vinculan al tráfico como “mulas”, en una estrategia de supervivencia del núcleo familiar, y su detención aumenta la vulnerabilidad personal y de sus familiares dependientes.

En ellas la condena es doble: por el delito de drogas que la justicia penal entiende que cometieron, castigándolas con penas desproporcionadas; y por ser mujeres y “correrse” de un rol hegemónico que culturalmente nos construye pasivas y en el hogar, al volverse “peligrosas”, “locas”, “drogadictas”, “delincuentes”, “violentas” –aspectos más asimilados como masculinos–.

A esto se suma que las cárceles para mujeres siguen siendo los lugares residuales del sistema penitenciario: edificios que no fueron siquiera diseñados para tal fin, como el antiguo hotel de alta rotatividad donde se ubicaba la Unidad 9, El Molino, o ex hospitales (la Unidad 5) y galpones. Y además la dificultad para acceder a una defensa justa y a tiempo. Según los últimos datos del Observatorio de Drogas, 40 por ciento de las mujeres presas tienen una causa vinculada a delitos de drogas –frente a un 8 por ciento de varones encarcelados por el mismo motivo–, 60 por ciento de ellas son jefas de hogar y, en el momento de su detención, vivían con sus hijos. Una de cada cinco tiene menos de 23 años.

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